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Arqueología y el Libro de Mormón

 
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MessagePosté le: Lun 24 Nov - 01:15 (2008)    Sujet du message: Arqueología y el Libro de Mormón Répondre en citant

Articulo traducido con permiso de FAIR LDS por: Wendy Rojas y redactado por Alberto Barrios y Andrew Miller

La acusación
Algunos críticos de la religión que aceptan la Biblia, pero no el Libro de Mormón, a veces aseveran que la Biblia ha sido 'comprobada' o 'confirmada' por la arqueología, e insisten que no se puede decir lo mismo del Libro de Mormón.

Nota: Muchos de los temas que se discuten en las críticas arqueológicas del Libro de Mormón se discuten detalladamente en la página 'anacronismo' del Libro de Mormón.

La(s) fuente(s) de la acusación
Joel P. Kramer and Scott R. Johnson, The Bible vs. the Book of Mormon (Brigham City, UT: Living Hope Ministries, 2005). [Esta es una presentación anti-Mormona en video.] Search for the Truth DVD (2007) Resources

La respuesta
Evidencia, Prueba y Creencia
Una pregunta razonable para quienes sugieren que no hay evidencia arqueológica para el Libro de Mormón sería: «¿Qué evidencia arqueológica pudiera considerarse como prueba mínima e irrefutable para convencer a quienes no creen en la autenticidad de la escritura nefita?»

Algunas personas podrían sugerir que el encontrar la existencia de caballos o carruajes podría ser una prueba a favor del Libro de Mormón. Esto es dudoso. El encontrar tales artículos meramente demostraría que estas cosas existieron en el antiguo nuevo mundo, y aunque tales descubrimientos serían consistentes con el Libro de Mormón, no llegarían a calificar como 'prueba.' Por ejemplo, el Libro de Mormón menciona la cebada, lo cual, hasta recientemente, se creía que no había existido en la América antigua. Los críticos consideraban que la cebada era una de esas cosas en las que 'se equivocó José Smith.' Sin embargo, ahora se ha verificado la existencia de la cebada en el Nuevo Mundo antes de la llegada de Colón, sin esto significar que grandes cantidades de personas se hayan unido a la Iglesia a causa de este descubrimiento. Para los críticos, el encontrar estos artículos es comúnmente considerado 'pura suerte' del lado de José Smith [al incluirlos en la narrativa del Libro de Mormón]. El Libro de Mormón menciona ciudades, comercio, armas, torres y el uso de armaduras—todo lo cual existió en la América antigua—y aún así su existencia no ha convencido a los críticos de que el Libro de Mormón es en sí un texto antiguo.




Los registros arqueológicos
Cuando los arqueólogos examinan evidencia antigua, ellos trabajan con un registro muy fragmentado. En general, encuentran evidencia física, pero tal evidencia en sí no provee gran cantidad de información a menos de que se le ponga dentro de un contexto determinado—un marco en el cual la información pueda entenderse. Por ejemplo, si un arqueólogo encuentra una vasija (lo más seguro es que encuentre un fragmento de una vasija), esto provee poca evidencia de la civilización que creó o utilizó la vasija. Otras pistas contextuales—tales como otros artefactos descubiertos cerca de la vasija—podrían ofrecer más pistas del momento histórico en el cual la vasija fue utilizada por última vez, pero ciertamente no proveen evidencia conclusiva de lo que fue dicha civilización o los individuos que en ella existieron.

Los críticos, por ejemplo, algunas veces cuestionan el hecho de que los nefitas hayan sido, durante gran parte de su historia escrita, un pueblo 'cristiano.' Desde el punto de vista de los críticos, deberían existir restos arqueológicos que indicaran una presencia cristiana en el antiguo nuevo mundo. ¿Cómo, exactamente, podría un arqueólogo distinguir una vasija de un cristiano de una vasija de un no cristiano? ¿Qué aspecto tendría una vasija cristiana? También debe mantenerse en mente el hecho de que, de acuerdo con el Libro de Mormón, los 'cristianos' del nuevo mundo eran una minoría perseguida que fue exterminada hace más de mil quinientos años. ¿Cuánta evidencia arqueológica en realidad podríamos esperar que haya sobrevivido tantos siglos entre aquella época y la nuestra?

Para el arqueólogo, las pistas contextuales más sólidas vienen de la escritura o de las marcas que a veces se encuentran en la evidencia física. Esta evidencia generalmente es de dos tipos: epigráfica e iconográfica. La evidencia epigráfica consiste de un registro escrito, tal como el texto que usted está leyendo, mientras que la evidencia iconográfica consiste de dibujos o iconos. Por ejemplo, la palabra 'cruz' es epigráfica, pero un dibujo de una cruz es iconográfico. La evidencia epigráfica, siempre y cuando pueda ser traducida, provee un registro de lo que la gente pensaba o hacía. La evidencia iconográfica es mucho más simbólica y su interpretación depende del contexto en el cual la imagen sea utilizada.

El Dr. William Hamblin notó: «La única manera en que los arqueólogos pueden determinar los nombres de reinos políticos, gente, etnografía y religión de un pueblo antiguo es a través de los registros escritos.»

«La iconografía puede ser útil, pero debe entenderse dentro de un contexto cultural en particular, el cual puede entenderse en su totalidad únicamente a través de los registros escritos. (Por lo tanto, la existencia de la esvástica o cruz gamada en las mezquitas medievales tardías en Asia central o en los templos budistas en Tibet, por citar un ejemplo, no demuestra que los musulmanes o los budistas fueran nazis; tampoco, por ende, que los nazis fueran budistas. En cambio, la esvástica medieval demuestra que hay diferentes significados que se aplican al mismo símbolo durante el inicio del Siglo XX en Alemania, en la Asia central musulmana y en el Tibet.)»[1]

Sin embargo, muchos pueblos antiguos escribieron en material perecedero que ha sufrido deterioro a lo largo de los siglos. Los egipcios, por ejemplo, escribieron en materiales que han sobrevivido los siglos; mientras que el reino de Judá generalmente no lo hizo.

«Si nos guiáramos únicamente por los datos arqueológicos,» dice Hamblin, «no sabríamos casi nada de la religión ni del reino antiguo de Judá. De hecho, basado únicamente en los datos arqueológicos, podríamos asumir que los judíos eran politeístas, tal como sus vecinos. El judaísmo, como religión peculiar, simplemente desaparecería si no hubiera sobrevivido la Biblia y otros textos escritos de los judíos.

«... Metodológicamente hablando, ¿comprueba la ausencia de textos escritos descubiertos arqueológicamente que un reino no existió? O en otras palabras, ¿depende la existencia de un reino antiguo de que los arqueólogos del Siglo XXI hayan encontrado registros escritos de ese reino? ¿O puede el reino haber existido independientemente del hecho de que los arqueólogos del inicio del Siglo XXI lo hayan tenido en el radar de sus conocimientos? O, para establecer el principio ampliamente, ¿ausencia de evidencia equivale a evidencia de ausencia?»[2]




Los registros de la época del Libro de Mormón
Entendiendo que un registro escrito (epigráfico o iconográfico) es necesario para construir un contexto arqueológico, ¿qué encontramos cuando nos enfocamos en los registros de la América antigua (por ejemplo, en el año 400 DC)?

De los sistemas escritos conocidos del nuevo mundo, que son más o menos media docena (todos localizados en la Mesoamérica), sólo el lenguaje maya se puede leer enteramente. Los expertos pueden entender una estructura básica de los otros idiomas, pero no pueden entender en su totalidad lo que los antiguos estaban diciendo. En otras palabras, hay problemas al tratar de descifrar el registro epigráfico. De acuerdo con los expertos, «no sabemos con certeza la pronunciación de los nombres verdaderos de los primeros reyes mayas ni de otros glifos correspondientes a nombres tomados de otros sistemas de escritura.»[3]

Cuando se trata del período en el que vivieron los nefitas, los expertos sólo conocen algunas cuantas inscripciones de todo el nuevo mundo que pudieran leerse con algún grado de certeza. Aún con estos fragmentos, los expertos todavía no están seguros, basados en estas inscripciones, de cómo los antiguos pronunciaban los nombres propios y de lugares (toponimias). Cuatro de estas inscripciones legibles simplemente dan fechas o el nombre de algún rey—un contexto cultural bastante limitado. Otras cinco inscripciones contienen información histórica y nombres propios—la mención de las ciudades Tikal y Uaxactún (para las cuales la pronunciación antigua todavía permanece incierta) y cinco reyes de estas dos ciudades (a quienes conocemos por los símbolos iconográficos y cuya pronunciación antigua permanece incierta).[4]

Con tan poca información epigráfica, ¿cómo podríamos reconocer—aún cuando lo descubriéramos arqueológicamente—que hemos descubierto el lugar de las ciudades que conocemos como Abundancia y Zarahemla, o si los líderes religiosos de hecho se llamaban Nefi or Moroni? A los críticos les gusta aseverar que no hay evidencia arqueológica para el Libro de Mormón, pero la verdad es que hay muy pocos datos arqueológicos que nos dicen cualquier cosa de los nombres de las personas o de los lugares del nuevo mundo—y los nombres son la única manera en la que podríamos identificar arqueológicamente si existieron los nefitas en la América antigua.




La arqueología y la Biblia
A los críticos religiosos frecuentemente les gusta comparar el hecho de que hay falta de pruebas arqueológicas que apoyen la autenticidad del Libro de Mormón, mientras que aseguran que hay gran cantidad de apoyo arqueológico para la Biblia. Hay una diferencia drástica, sin embargo, entre los dos mundos (el Viejo y el Nuevo) cuando se trata de datos epigráficos e iconográficos, así como la continuidad de cultura y toponimias.

Ya hemos notado la carencia de inscripciones legibles del nuevo mundo del tiempo de los nefitas. De las tierras bíblicas, sin embargo, sabemos de miles de inscripciones contemporáneas que han sobrevivido hasta el tiempo moderno. Hemos recalcado que hay muy pocos toponimias (nombres de lugares) que se puedan leer de los fragmentos epigráficos que han sobrevivido de la era de los nefitas en el nuevo mundo. En contraste, encontramos que las tierras bíblicas no sólo hay grandes cantidades de registros epigráficos que identifican ciudades mediterráneas antiguas, sino que también encontramos en algunos casos «continuidad en la cultura» que ha preservado los nombres de ciudades. En otras palabras, muchas ciudades modernas del oriente se conocen todavía por el mismo nombre que en los tiempos antiguos (esto no sucede en el caso de la América antigua). El saber el lugar exacto de una ciudad ayuda a los arqueólogos bíblicos a encontrar otras ciudades, simplemente calculando las distancias. [5]

Aún reconociendo las ventajas arqueológicas para determinar el lugar y la realidad histórica de las tierras bíblicas, sabemos que se han encontrado e identificado positivamente poco más de la mitad de todos los nombres mencionados en la Biblia. [6] La mayoría de estas identificaciones están basadas en la preservación de la toponimia. Solamente se ha localizado con cierto grado de certeza a un 7% u 8% de los lugares bíblicos cuya toponimia no sobrevivió, y otro 7% a 8% de éstos ha sido identificado con algún grado de certeza conjetural. [7] La identificación de estos lugares sin nombres no pudiera haberse realizado si no se hubiera identificado otros lugares cuyos toponimias han sido preservados. De no haber sobrevivido las toponimias bíblicas en una «cadena de lenguaje» continua e inquebrantable, desde la época bíblica hasta la nuestra, la identificación de los lugares bíblicos sería ampliamente especulativa.

A pesar de la identificación de algunos sitios bíblicos, muchos lugares importantes de la Biblia no han sido identificados. El sitio del Monte Sinaí, por ejemplo, no se conoce, y hay más de veinte posibles candidatos. Algunos expertos rechazan la aseveración de que la ciudad de Jericó existiera en el tiempo de Josué. La ruta exacta que tomaron los israelitas en el éxodo no se conoce, y algunos expertos disputan la aseveración bíblica de que hubo una conquista israelita de la tierra de Canaán. [8]




Arqueología del nuevo mundo
¿Qué encontramos en la arqueología mesoamericana en lo que se refiere a toponimias? Primero, a diferencia de las tierras bíblicas donde muchas toponimias sobrevivieron debido a la continuidad de la cultura, no hay razón para asumir que los idiomas de los mayas y los nefitas estuvieran relacionados entre sí. Segundo, encontramos que las toponimias muchas veces desaparecieron de una era a la otra. Muchas de las ciudades mesoamericanas hoy tienen nombres españoles, como San Lorenzo, La venta y El mirador. «El colapso de la civilización indígena previo a la conquista creó una marcada discontinuidad histórica. No tenemos casi ningún nombre de las ciudades clásicas Mayas y Olmecas de hace dos milenios, por lo cual se conocen hoy en día por sus nombres en español.» [9] Los arqueólogos simplemente no saben los nombres originales de estas ciudades Mayas. Si los arqueólogos no saben el nombre de algunas ciudades que han descubierto, ¿cómo podríamos esperar poder darles nombres en inglés a estas ciudades, tal como algunos nombres que se dan en el Libro de Mormón [ie. Abundancia,Desolación, etc]? [10]

Además, los expertos no saben con certeza la pronunciación de las ciudades mesoamericanas para las que sí saben los nombres. Esto sucede porque las inscripciones de las ciudades frecuentemente son iconográficas, y no todos los expertos están de acuerdo de que los íconos representen nombres de ciudades. Estos iconos son no sólo escasos (como se dijo anteriormente), sino que son simbólicos en vez de fonéticos. En otras palabras, cuando los arqueólogos encuentran una inscripción iconográfica que designa a un lugar como la Colina del Jaguar, la pronunciación de esta inscripción dependería del idioma del que lo dice—sea zapoteca, mixteca o nefita. [11] La única manera de identificar un sitio antiguo es por medio de una inscripción que dé un nombre fonéticamente inteligible. Sin tomar en cuenta futuros descubrimientos, posiblemente nunca sabremos cómo se pronunciaban los nombres de las ciudades mesoamericanas en el tiempo del Libro de Mormón.

Si los datos epigráficos del viejo mundo fueran tan escasos como los datos epigráficos del nuevo mundo, los expertos estarían severamente limitados en su entendimiento de los israelitas o de los cristianos primitivos. Sería casi imposible, utilizando estrictamente evidencias arqueológicas no epigráficas, distinguir entre los cananitas e israelitas cuando coexistieron en la tierra santa antes del período de Babilonia (antes de 587 a.C.). [12] Encontramos que los mismos problemas serían aparentes en el estudio del cristianismo temprano si los expertos se encontraran con la ausencia de datos epigráficos. Por ejemplo, si las persecuciones al cristianismo de parte de Diocleto hubiesen tenido éxito, y si Constantino no se hubiera vuelto cristiano, y si el cristianismo hubiera desaparecido alrededor del año 300 d.C., hubiera sido muy difícil, si no es que imposible, reconstruir su historia utilizando nada más que artefactos arqueológicos e inscripciones del Imperio romano. [13]

«Es muy probable», dice Hamblin, «que una religión, especialmente una religión anaicónica [una religión que no utiliza imágenes escritas ni simbólicas], simplemente desaparezca del registro arqueológico. A pesar del hecho de que haya habido varios millones de cristianos en el Imperio romano a finales del Siglo III, es muy difícil [descubrir] algo de sustancia en cuanto a ellos basado solamente en la arqueología». [14]




Arqueología y el Libro de Mormón
Dadas las ventajas inherentes del estudio del viejo mundo (continuidad cultural, toponimios, condiciones del medio ambiente que favorecen la preservación de artefactos, tiempo y recursos invertidos en el campo arqueológico y de lenguaje, etc.) comparados con el estudio del nuevo mundo, es interesante notar algunos descubrimientos recientes que correlacionan los primeros capítulos del Libro de Mormón y el registro arqueológico del Viejo Mundo en formas que hubieran sido desconocidas al momento de la traducción del libro. En otras palabras, es imposible que José Smith hubiera podido conocer datos arqueológicos del Viejo Mundo que han salido a la luz después de la muerte de Smith—estos descubrimientos no contradicen al Libro de Mormón y, en muchos casos, son consistentes con las historias del libro.

Consideremos, por ejemplo, un altar recientemente descubrieron en Yemen que es consistente con una historia relatada en el Libro de Mormón. Este altar, descubierto por arqueólogos no miembros de la Iglesia, tiene el nombre tribal de NHM inscrito en él. El altar está localizado en la misma área que el Libro de Mormón describe como el lugar donde los lehitas se detuvieron «en nahom» a enterrar a Ismael, y data del mismo período.(Nefi 16:3–4.

Aquí debemos recordar que el idioma Hebreo del tiempo de Nefi se escribía sin vocales, y por ende, NHM pudiera muy bien corresponder a «NaHoM». [15] El nombre NHM no aparece de la nada tampoco, sino que el lugar del antiguo NHM existe no sólo dentro del tiempo específico del viaje de los lehitas, sino que también dentro de un lugar plausible a lo largo del cual los expertos de la Iglesia creen que los lehitas viajaron en Arabia antes de embarcarse en su viaje transoceánico hacia el Nuevo Mundo.

También vale la pena mencionar que hay un cuerpo de evidencia cada vez más grande de arqueología del nuevo mundo que apoya al Libro de Mormón. El Dr. John Clark de la fundación «New World Archaeological Foundation» ha compilado una lista de sesenta artículos mencionados en el Libro de Mormón. La lista incluye artículos como «espadas de acero», «cebada», «cemento», «tronos», y «lecto-escritura». En 1842, solamente ocho (equivalente a un 13.3%) de estos sesenta artículos habían sido confirmados por evidencia arqueológica. A mediados del Siglo XIX, la arqueología proporcionaba muy poco apoyo para las aseveraciones hechas en el Libro de Mormón. De hecho, el Libro de Mormón contradecía las ideas populares y de los expertos del Siglo XIX en cuanto a la América antigua.

A medida que los resultados del estudio arqueológico han iluminado al nuevo mundo, nos damos cuenta de que para 2005, cuarenta y cinco de estos sesenta artefactos (o el equivalente al 75%) han sido confirmados. Treinta y cinco de los artefactos (58%) han sido confirmados definitivamente por evidencia arqueológica y diez artículos (17%) han recibido posible confirmación—tentativa, pero no totalmente verificada. Por lo tanto, a como están las cosas hoy en día, las evidencias arqueológicas actuales del nuevo mundo tienden a verificar las aseveraciones hechas en el Libro de Mormón. [16]




La conclusión
La aseveración de que, a diferencia de la Biblia, no existe evidencia arqueológica que apoye al Libro de Mormón, está basada en la ingenuidad y en suposiciones erróneas. Sin evidencia epigráfica del nuevo mundo (que actualmente es muy limitada para la época del Libro de Mormón), no podemos saber los nombres contemporáneos de las antiguas ciudades y reinos mesoamericanos. El anular al Libro de Mormón desde el punto de vista arqueológico es una posición que carece de visión. Los descubrimientos arqueológicos más recientes generalmente son consistentes con el registro del Libro de Mormón aún cuando, hasta la fecha, no sepamos el lugar exacto de las ciudades mencionadas en el Libro.




Notas de pie
[back] William J. Hamblin (bajo el nombre de pantalla “MorgbotX”), puesto el 29 January 2004 en el THREAD, “What Would Be Proof of the Book of Mormon,” en el boletín Zion’s Lighthouse Bulletin Board (ZLMB) (accesado el 10 de abril de 2005).
[back] Hamblin, "What Would be Proof...," ibid.
[back] Hamblin citando a Joyce Marcus, Mesoamerican Writing Systems (Princeton, New Jersey: Princeton University Press, 1992), 212–220 y a Linda Schele and David Freidel, A Forest of Kings (New York: William Marrow & Company, 1990), 440, n28.
[back] Vease Hamblin, puesto el 29 de enero de 2004 in THREAD, “What Would Be Proof of the Book of Mormon,” en el boletín Zion’s Lighthouse Bulletin Board (ZLMB) (accesado el 10 de abril de 2005).
[back] William J. Hamblin, "Basic Methodological Problems with the Anti-Mormon Approach to the Geography and Archaeology of the Book of Mormon," Journal of Book of Mormon Studies 2/1 (1993): 161–197.
[back] Hamblin, "Basic Methodological Problems," 164.
[back] William G. Dever, “archaeology and the Bible: Understanding Their Special Relationship,” Biblical archaeology Review (May/June 1990) 16:3.
[back] Daniel C. Peterson, "Chattanooga Cheapshot, or The Gall of Bitterness (Review of Everything You Ever Wanted to Know about Mormonism by John Ankerberg and John Weldon)," FARMS Review of Books 5/1 (1993): 1–86.
[back] See Hamblin, “Basic Methodological Problems," 167.
[back] Hamblin, “Basic Methodological Problems," 169–170.
[back] falta referencia
[back] William J. Hamblin, mensaje puesto el 20 de octubre de 2004 en THREAD, “Not So Easy? 2 BoM Challenge,” on FAIRboards.org off-site (accesado el 10 de abril de 2005). Ver también el seguimiento: William Hamblin, mensaje puesto el 28 de octubre de 2004 en el THREAD, “Not So Easy? 3” on FAIRboards.org (accesado el 10 de abril de 2005).
[back] William J. Hamblin, mensaje puesto el 28 de octubre de 2004 en el THREAD, “Not So Easy? 2 BoM Challenge,” en FAIRboards.org (accesado el 10 de abril de 2005).
[back] William J. Hamblin, mensaje puesto el 28 de octubre de 2004 en el THREAD, “Not So Easy? 3” on FAIRboards.org (accesado el 10 April de 2005).
[back] S. Kent Brown, "New Light: "The Place That Was Called Nahom": New Light from Ancient Yemen," Journal of Book of Mormon Studies 8/1 (1999): 66–67.
[back] John Clark, “Debating the Foundations of Mormonism: Archaeology and the Book of Mormon”, presentación en 2005 FAIR Apologetics Conference (Agosto de 2005). Co-presentadores, Wade Ardern and Matthew Roper.
Obtenido de "http://www.es.fairmormon.org/La_arqueolog%C3%ADa_y_la_Biblia"

http://www.es.fairmormon.org/La_arqueología_y_la_Biblia

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